sábado, 31 de mayo de 2014

NO HAGAS COSAS MALAS QUE PARECEN BUENAS

las Jesús se volvió y le dijo a Pedro: ¡Aléjate de mí, satanás! Quieres hacerme tropezar; no piensas en las cosas de Dios sino en las de los hombres.
(Mateo 16:23)


 Luego de leer el texto de hoy, ¿puede usted imaginarse cómo se sentiría si alguien en la iglesia lo reprendiera de esta manera?  ¡Qué sorprendido debe haberse sentido Pedro al encontrar que la expresión de sus buenos deseos hacia el Hijo de Dios haya despertado una respuesta tan violenta por parte de Cristo. No hay duda que Jesús tenía autoridad para reprender a Pedro y que estaba justificado en lo que hacía.  Sin embargo, no deja de chocarnos la escena que nos describe el evangelista, pues Cristo no usa el nombre de Pedro al reprenderlo, sino el de Satanás.




Nuestra confusión probablemente se debe a que no poseemos la absoluta claridad que poseía Cristo acerca de lo que es el Reino de Dios y el reino de las tinieblas.  Nuestro andar en la vida espiritual se caracteriza más por una confusa combinación de aciertos y desaciertos que por la confiada expresión del llamado que hemos recibido.  Cosas que, a nuestro entender, son meras trivialidades, son para Cristo asuntos de un peso y una gravedad absoluta.  Sobre todo, no entendemos que nuestro llamado consiste en algo esencialmente diferente a simplemente ser buenas personas.  Las buenas intenciones muchas veces pueden ser las mejores herramientas del enemigo para descarrilarnos de los propósitos divinos.



Más allá de estas consideraciones, una lección queda claramente revelada en el incidente que hoy consideramos: el enemigo puede usarnos para avanzar los principios y fomentar los comportamientos que son contrarios a los deseos de Dios.  El que estemos "en Cristo" no nos provee de ninguna garantía de que, en ocasiones, no hagamos un trabajo eficaz a favor del enemigo.




Para esta obra no hace falta que estemos aliados con satanás, ni mucho menos.  Él se sirve de todo lo que puede usar para hacer avanzar las tinieblas.  La esencia del pecado consiste, precisamente, en lo que Cristo denuncia en el texto de hoy:  "no estás pensando en las cosas de Dios, sino en la de los hombres".  Es decir, hacer la obra del enemigo es fomentar en uno mismo y en los demás una forma de ver la vida que no es según los principios eternos de Dios, sino conforme a la sabiduría de este presente siglo malo.   Es precisamente por esto que es fácil confundir lo bueno con lo justo.  No todo lo que nosotros consideramos bueno es conforme a la justicia de Dios, aunque con frecuencia nuestros consejos están llenos de "buenas" recomendaciones para los demás.  En el Reino, sin embargo, lo bueno no alcanza.




Abraham y Sara consideraban una «buena» idea el engendrar un hijo por medio de Hagar.  Los Israelitas, arrepentidos por su falta de fe, creían que Dios vería como bueno sus intentos de subir a tomar al tierra por sus propios medios.  Los hombres de David consideraban que Dios había entregado en manos de su líder al rey Saúl, para darle muerte.  Podemos pensar en decenas de ejemplos.  En cada uno, las buenas intenciones no eran suficientes para hacer la voluntad de Dios.




Medita en esto:
Y no os adaptéis a este mundo, sino transformaos mediante la renovación de vuestra mente, para que verifiquéis cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, aceptable y perfecto.  (Romanos 12:2)


BENDICIONES

miércoles, 28 de mayo de 2014

SEPARADO Y APARTADO POR DIOS


  Si Dios me separa y aparta, debo aceptarlo sin preguntas, sabiendo que esa separación de mis hermanos es una fase transitoria.
Mientras ayunaban y participaban en el culto al Señor, el Espíritu Santo dijo: "Apártenme ahora a Bernabé y a Saulo para el trabajo al que los he llamado." Hechos 13:2


Cuando comencé mi vida cristiana se me enseñó que debo estar "separado". Esto es, debo cortar toda ataduraque me asocie con lo malo y mundano. Basándonos en la amonestación de Pablo, es necesario hacerlo (2 Corintios 6:14-18).

Pero pronto descubrí que Dios hacía algunas "separaciones" por su cuenta, me separaba de mis propios hermanos y hermanas en Cristo. De José se dijo que fue "separado de sus hermanos" (Deuteronomio 33:16). Esa separación resultó porque Dios determinó que José sería el "príncipe" de la familia, y esto tomó lugar cuando sus hermanos lo vendieron como esclavo a Egipto. El hombre separado por Dios fue entonces alejado de su familia, y todo debido a una importante razón.

La separación de José de su familia fue necesaria a fin de hacer posible su surgimiento ante el trono egipcio, y a su vez, el génesis y crecimiento de la naciente nación de Israel. Si José no hubiera sido "separado y aparatado", Israel hubiera sido destruido por enemigos poderosos.

Inmediatamente después de su conversión, Pablo "no luchó contra sangre ni carne" sino que fue al desierto de Arabia, separado de sus hermanos. Esta fue otra de las separaciones de Dios, y Pablo salió íntegro para ser un mensajero fresco y transparente a los gentiles (Gálatas 1:15-17).

Debo separarme del mal. La responsabilidad es mía. Pero sólo Dios me puede separar de mis "hermanos", una separación diseñada para crear un mensajero sin igual, una voz singular para comunicar su mensaje en una situación especial, y algunas veces crucial. Si Dios me separa, debo aceptarlo sin preguntas, sabiendo que esa separación de mis hermanos es una fase transitoria de mi ministerio para Dios y que siempre resulta "para bien" (Génesis 50:20), tanto para mis hermanos como para mí.

BENDICIONES

domingo, 25 de mayo de 2014

Dos opciones: Pablo perdió la cabeza, o descubrió el secreto de un ministerio eficaz

 
Los conceptos que han echado raíz en la Iglesia en los últimos cincuenta años tornan incomprensibles las palabras de Pablo: "me complazco en las debilidades, en insultos, en privaciones, en persecuciones y en angustias por amor a Cristo; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte" (2 Corintios 12:10). 
Yo me sentiría mucho más cómodo si el apóstol hubiera cambiado la palabra "complazco" por "soportado". Es decir, para que el poder de Cristo se manifieste en mi vida estoy dispuesto a soportar toda clase de dificultades. Es que soy bien conocedor de cuánto cuesta aceptar las dificultades que son un ingrediente inseparable de la vida. En medio de las pruebas lucho con el desánimo, el fastidio, la auto-conmiseración y la fatiga. Me esfuerzo por cultivar una actitud que honra al Señor, pero no siempre logro ese objetivo.


¿Si a mí tanto me cuesta, cómo es que Pablo puede decir que se "complace" en privaciones? ¿Será que existe aquí algún error de traducción? Acudo a un Léxico del Nuevo Testamento y descubro esta definición de la palabra griega: Deleitarse en, complacerse en, estar contento o satisfecho, preferir, decidir, escoger.  
Descarto la opción de un error de traducción. El apóstol estaba afirmando que, si dependiera de él, preferiría una vida repleta de fragilidades, insultos, privaciones, persecuciones y angustias, a una vida de fortaleza, armonía, abundancia, adulación y euforias. ¿Cómo se puede entender semejante locura?La verdad es que no se puede comprender. La frase se resiste al análisis, pero no a la experiencia. Pablo había comenzado a percibir un patrón en su vida. En cada situación donde se encontraba en dificultades la gracia de Dios se había manifestado con mayor intensidad. Y quien ha gustado de la gracia de lo Alto ha comprobado que nos permite avanzar en desafíos en los que la carne no adelanta siquiera un centímetro. Por lo que había vivido el apóstol podía afirmar, sin temor a equivocarse, que ser debilitado era lo mejor que le podía pasar en el ministerio.

¡Qué lástima que perdemos tanto tiempo tratando de disimular o esconder nuestra condición frágil! Cuánto más esfuerzo invertimos en esconder nuestra verdadera condición, más se apaga en nosotros la gracia que tanto necesitamos para llevar adelante los proyectos de Dios. Pregunto yo… ¿No será hora de que nos deleitamos en, complazcamos en, estemos contentos o satisfechos, prefiramos, decidamos por, escojamos el camino de la debilidad? ¡Quién sabe lo que puede llegar a ocurrir en los ministerios que se nos han confiado!

BENDICIONES AMADOS AMIGOS Y HERMANO/AS EN CRISTO JESUS