sábado, 26 de septiembre de 2015

EL MUSICO Y LA VIDA EN TODOS LOS TIEMPOS


Era un músico sobresaliente. Amaba la música y emocionaba a todos con su talento. Era tan brillante y tenía tanto para dar que era un placer estar cerca de él.
Pero ya no más.
Al principio parecía que era un dolor de cabeza pasajero. Pero éste se hizo más intenso. Pronto llegó a ser una fiebre persistente. Y con ella vino la pérdida de la memoria. Primero se olvidaba de las cosas pequeñas; luego, de las mayores. Bien pronto no pudo recordar el nombre de su hija.
Para entonces, todos entendieron que este gran músico estaba sufriendo serios problemas. Parecía que un virus había destruido su hipocampo, la parte del cerebro que es vital para procesar la memoria. El músico no se estaba muriendo, al menos en ese momento, pero estaba perdiendo progresivamente la memoria.
¿Cómo funciona la memoria? Uno recuerda lo que comió ayer, la gente con la que estuvo, las cosas de las que se habló. Y es capaz de recordar todo eso debido a que el hipocampo le ayuda a archivar la información dentro de la memoria. Más adelante, esos eventos podrán reconstruirse. Esa pequeña área en el cerebro que tiene el tamaño del pulgar provee de conexiones con el pasado, le otorga sentido al presente y también propósito al futuro.
Este músico perdió esa capacidad completamente. No podrá recordar su pasado nunca más. El vive en el presente, a la deriva. Su estado consciente emerge de un momento al otro sin mayor relevancia. Se sienta en una habitación con un mazo de cartas y un diario personal. Juega una partida interminable de solitario. Ocasionalmente mira su reloj y registra la hora en su diario comentando: “Estoy despierto por primera vez”. Toda vez que su esposa entra en el cuarto él la recibe con abrazos y besos, como a un ser querido a quien hace tiempo no ha visto, diciéndole: “Hace tanto tiempo que no te veía... Es la primera vez que hoy veo a alguien”.
Sus amigos de los tiempos en los que era director de coro suelen visitarlo. Su esposa lo conduce a la sala de música. El protesta aduciendo que jamás tocó música alguna en su vida y que tampoco sabe leer música. Pero ella lo anima mientras él entra en la sala, saluda a sus amigos, se sienta al piano y los dirige mientras toca, canta y conduce el Ave Verum Corpus de Mozart. Cuando los acordes de la gran música finalizan, Clive se retira espasmódicamente hacia el interior de su mundo de desesperanza y no es capaz de recordar qué es lo que acaba de interpretar.
EL PASADO
Ahora bien, considera tu propio pasado y tu camino junto a Dios. ¿Está tu memoria espiritual intacta? ¿Qué es lo que hace que tu pasado sea relevante? ¿Qué le ayuda a tu presente a ser significativo? ¿Y qué le permite a tu futuro ser venturoso?
¿Puedes recordar cuándo decidiste seguir a Jesús? ¿O cuándo decidiste no hacerlo? ¿Puedes recordar por qué lo hiciste? ¿Puedes recordar la última vez en que sostuviste una conversación real con Cristo? ¿O es tu experiencia pasada con él un recuerdo distante que se pierde en el olvido?
Este músico ha hecho cosas importantes en su pasado, pero no las recuerda más. Todavía puede hacer cosas que aprendió alguna vez, pero no dejaron un impacto duradero en su vida.
Esas cosas significativas que Dios ha hecho por nosotros en el pasado pueden ser olvidadas o pueden ser tomadas por seguras. Esas promesas que hemos hecho a Dios pueden diluirse dentro del pasado y dejar de tener influencia en nuestras vidas. Las cosas que has hecho por él en el pasado pueden no emocionarte más. En resumen: ¿Es Cristo tan real para ti como cuando creíste por primera vez? ¿Tienes todavía lo que el Jesús resucitado demandó de la iglesia de Efeso, que retuvieran su primer amor? "Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor". (Apocalipsis 2:4).
EL PRESENTE
Vuélvete al presente. ¿Es tu relación con Dios una experiencia creciente en tu vida? ¿Cuán importante es para ti caminar con Jesús? ¿Es la tuya una amistad vital y viviente sobre la cual estás constantemente construyendo sobre el pasado?
El presente de este músico ronda en torno a actividades que pueden ser significativas por sí mismas, pero por cuanto sus experiencias están desconectadas dentro de su memoria, llegan a ser irrelevantes. Mucho de lo que él hace es mero ritual. ¿Podría ser que tu vida espiritual se haya vuelto ritualista, es decir, un ciclo sin sentido de actividades religiosas, placenteras cuando se las practica, pero sin nada que lamentar si llegan a perderse una vez que han concluido? Ellas no contribuyen a tu crecimiento. Pedro nos amonesta:“Creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (2 Pedro 3:18). Crecer requiere tener conexión con nuestras raíces, renovando las decisiones que nosotros hicimos por Cristo. Si vivimos sin esas conexiones nos quedaremos congelados en el pasado. Y la vida se vuelve una cantinela absurda.
EL FUTURO
¿Y qué sobre el futuro? Este gran músico no tiene futuro porque no tiene ni presente ni pasado. El está, como ha estado, condenado a repetir su limitado presente. Pero para nosotros puede ser diferente. Cualquiera haya sido nuestro pasado, cualquiera sea nuestro presente, en Cristo hay esperanza para el futuro. Pablo lo resume muy bien:“Justificados, pues por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios”(Romanos 5:1 y 2).
La salvación reclamada en el pasado tiene valor sólo si es renovada continuamente en el presente. Debemos mantener nuestra dedicación al día. Entonces, y sólo entonces, tendremos un presente significativo y pleno de crecimiento, y un futuro lleno de infinitas posibilidades.
Mantente conectado con Cristo. Así, el pasado, el presente y el futuro se forjarán unidos para hacer tu vida completa, con sentido y esperanza.
BENDICIONES

jueves, 25 de junio de 2015

SUPERAR LA ADVERSIDAD



  Llevado, pues, José a Egipto, Potifar, un egipcio oficial del faraón, capitán de la guardia, lo compró de los ismaelitas que lo habían llevado allá. Pero Jehová estaba con José, quien llegó a ser un hombre próspero, y vivía en la casa del egipcio, su amo. Vio su amo que Jehová estaba con él, que Jehová lo hacía prosperar en todas sus empresas.
Génesis 39:1–3

Es muy difícil para nosotros imaginarnos la magnitud de la calamidad que visitó a José al ser vendido por sus hermanos. El relato ocupa apenas unos versículos en la Biblia, pero las consecuencias devastadoras de semejante traición quedan escondidas. De todas maneras, es claro que el golpe debe haber afectado en lo más profundo la vida del joven israelita.
En realidad, no podía ser de otra forma. En el lapso de unas semanas lo perdió todo. Primero su libertad, al ser echado a un pozo. Luego, su dignidad, cuando fue vendido por unas monedas de plata. Al ser puesto en cadenas, perdió también su futuro y la posibilidad de escoger los caminos por los cuales transitaría. Cuando llegó a Egipto, también perdió la cultura y el idioma de su familia. Comprado por Potifar como esclavo, perdió también la posibilidad de pertenecer a una familia. ¿Quién podría sobreponerse a semejante catástrofe? ¿Cómo no hundirse en el pozo más hondo de amargura y depresión, almacenando en el corazón odio y rencor hacia los hermanos?
En el pasaje de hoy, sin embargo, encontramos a un José próspero. Su prosperidad, lo aclara bien el historiador, fue producto del respaldo, la compañía y la presencia de Jehová en su vida. Dios estaba con él. Sabemos bien que el Señor no bendice a los que albergan en su alma pensamientos de odio, rencor y venganza. El salmista pregunta: 
"Jehová, ¿quién habitará en tu Tabernáculo?, ¿quién morará en tu monte santo? El que anda en integridad y hace justicia; el que habla verdad en su corazón; el que no calumnia con su lengua ni hace mal a su prójimo ni admite reproche alguno contra su vecino" 
(15:1–3)

De manera que resulta claro que José logró sobreponerse a este duro revés que le presentó la vida.
Esta es una de las características que distingue al líder del resto del pueblo. El líder no está libre de dificultades, contratiempos, y dolores; no permite, sin embargo, que estos determinen lo que ocurre en su vida. 
"líderes no son aquellas personas que están libres de la adversidad, sino aquellas que logran superar los escollos de la vida"
La historia está repleta de líderes que vivieron durísimas experiencias personales. Lo que distinguió a estos hombres, sin embargo, es que usaron sus experiencias personales de fracaso y angustia para avanzar hacia cosas mayores. Fueron los escalones sobre los cuales construyeron, más adelante, sus más grandes victorias.
Para pensar:
«Un error es un acontecimiento cuyo pleno beneficio aún no hemos podido cosechar». 

BENDICIONES

miércoles, 24 de junio de 2015

DESACUERDOS MINISTERIALES


 Hubo tal desacuerdo entre ambos, que se separaron el uno del otro; Bernabé, tomando a Marcos, navegó a Chipre, y Pablo, escogiendo a Silas, salió encomendado por los hermanos a la gracia del Señor.
Hechos 15.39–40

¿Cómo podemos explicar esto? Si somos sinceros, la aparente violencia de este incidente nos golpea duro. 
No podemos reconciliarlo con la imagen que tenemos de estos dos siervos de Dios. 
Permítame compartir con usted algunos pensamientos al respecto.

En primer lugar, los que estamos trabajando en equipo con otros, debemos tener presente que donde hay un grupo de personas trabajando en un mismo proyecto, van a surgir diferencias. 
A veces los integrantes del equipo se desaniman por esto. 
Un buen equipo, sin embargo, no es aquel en el cual todos ven las cosas de la misma manera. 
Cuando es así, lo más probable es que el líder se ha rodeado de gente que simplemente aprueba sus propios proyectos. 
Las diferencias de opinión son una de las preciosas manifestaciones de la diversidad que Dios ha puesto en el cuerpo (1 Co 12)
El ministerio se enriquece cuando contempla la perspectiva y la contribución de personas que son enteramente diferentes entre ellas.

En segundo lugar, las diferencias se tienen que manejar espiritualmente. 
Lo que produce daño al cuerpo es que creamos que nuestras diferencias nos dan licencia para atacar al otro y perpetrar contra su persona toda clase de mal. 
Por más acertada que sea la perspectiva propia, Dios jamás nos da licencia para denigrar y humillar a nuestro prójimo, sea o no de la familia. 
"Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería, maledicencia y toda malicia. Antes sed bondadosos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo" (Ef 4.31–32).

En tercer lugar, a veces la única alternativa es la separación. 
No cabe duda de que es una decisión radical para un problema serio. Deben agotarse todos los caminos y todos los medios para llegar a un acuerdo. 
No debemos cesar en nuestro intento de conciliar posiciones, vistiéndonos de la bondad de Cristo; él nos manda a que, "con actitud humilde cada uno de vosotros considere al otro como más importante que a sí mismo, no buscando cada uno sus propios intereses, sino más bien los intereses de los demás" (Flp 2.3–4 - LBLA)
Habiendo intentado todo esto, sin embargo, a veces la separación es el mejor camino a seguir. 
Pablo y Bernabé, dos gigantes espirituales, optaron por esta solución. Ambos continuaron con ministerios sumamente eficaces. 
¿Siendo nosotros mucho menos que ellos, será realista en nosotros creer que el acuerdo siempre será posible?

Medita en esto:
Note que el pasaje no dice que se dividieron; dice que se separaron. La división produce dos partes debilitadas. La separación produce dos partes capacitadas para seguir adelante. La diferencia la hace la actitud. Cuando los que se separan lo hacen con corazones llenos de amargura, rencor y bronca, puede estar seguro que fue una decisión enteramente carnal. En mi experiencia, el 95% de las separaciones no han sido tal cosa. Han sido divisiones.

BENDICIONES