jueves, 8 de mayo de 2014

VENCER EL PECADO HABITUAL



EFESIOS 6:10-11

6:10 Por lo demás, hermanos míos,
fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza.
6:11 Vestíos de toda la armadura de Dios,
para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo.
 


Satanás busca lugares en la vida del creyente donde pueda levantar una fortaleza. Una vez que la levanta, sabe que la persona justificará, defenderá y seguirá añadiendo ladrillos a esa fortaleza con un pecado a la vez.

El atractivo puede ser tan fuerte que nos hace volver al pecado habitual, incluso después de haberlo reconocido delante de Dios. Satanás susurra: "Una vez más no te hará ningún daño", y caemos de nuevo en la tentación.

Al igual que en la época medieval, cuando los ejércitos peleaban desde fortalezas en las alturas rocosas, un baluarte de pecado es por lo general el terreno para un combate. Podríamos esperar que la lucha fuera básicamente entre Dios y satanás, pero no es así. Es, más bien, una lucha que se da en nuestro espíritu: ¿Queremos que Dios destruya o no nuestro hábito?

Dejar el pecado habitual es difícil. El pecador genera satisfacción y placer al practicarlo. Pero pisándole los talones a estas emociones están el sentimiento de culpa, la vergüenza y la desesperación, que llevan a la persona a pedir ayuda.

Pero Dios no limpiará la maldad hasta que la persona se arrepienta de verdad. El verdadero arrepentimiento significa que el creyente ve la iniquidad del pecado y le da la espalda. Debemos hacer esto siempre que sea necesario una vez, cien veces, o todos los días por el resto de nuestras vidas.

El solo pensar en renunciar a un hábito pecaminoso lleva a algunas personas al borde de la desesperación. Quieren verse libres de esa fortaleza, pero la idea de resistir la tentación hace que se sientan débiles.

Le tengo una buena noticia: el poder del Espíritu Santo es suficiente para impartir poder al creyente para darle la espalda al pecado. Y eso te incluye a ti.


Bendiciones

miércoles, 7 de mayo de 2014

LA MANO DE DIOS


Una esplendorosa mañana de domingo, con el más pequeño de mis hijos, caminaba muy plácidamente a mi lado.

Al poco tiempo, los sonidos de unas palomas que estaban comiendo en la acera lo invitaron a adelantarse con la intención de alcanzar alguna de ellas.

De repente, su corretear y su alegría llego a su fin.

A unos pocos metros había un perro que le miraba fijamente. Mi hijo se detuvo abruptamente, se dio la vuelta y vino corriendo a mi lado y se aferró fuertemente a mi mano. En ese momento se sintió protegido y no tuvo temor cuando vio pasar al perro por nuestro lado sin perturbarse.

Esta historia me hace recordar sobre nuestro andar por el mundo separado de la presencia de Dios. Siempre habrá algo que atrape nuestra atención, esta situación hará que tengamos el deseo de alejarnos de El, sin pensarlo y sin darnos cuenta, El quedará detrás nuestro viendo a donde queremos llegar.

Por lo general somos ansiosos y apresurados, siempre queremos materializar aquellas ideas que nos parecen excelentes pero muchas veces a la hora de la verdad fallamos.

De pronto y sin previo aviso aparecen las consecuencias por la falta de humildad, el no aceptar consejos porque creemos que todo lo sabemos. Es entonces que comienza en nuestra vida un proceso de dolor, de frustración, problemas económicos, conflictos personales y familiares y todo tipo de problemas que puedas imaginar.

Al principio nos quedamos perplejos y parece que estamos en un callejón sin salida.

Mi consejo es que tomes el ejemplo inocente del niño, que sin pedir auxilio ante el peligro que le representaba la mirada de ese animal, corrió hacia su padre tomado su mano, porque el sintió que era el mejor lugar para estar a salvo.

Si sientes que te has alejado de la mano de Dios, es un buen momento, ya que si vuelves tu vista estará junto a ti esperando que vuelas a tomar Su mano, para llevarte por el mejor y único camino.

Si la ansiedad y el temor acechan en el umbral de tu mañana, recuerda la maravillosa promesa que Dios, nos dejó:


“Por tanto, no tengan miedo, pues yo soy su Dios y estoy con ustedes. Mi mano victoriosa les dará fuerza y ayuda; mi mano victoriosa siempre les dará su apoyo.”
Isaías 41:10


AMEN

martes, 6 de mayo de 2014

DIOS TE QUIERE LIBRE PARA QUE PUEDAS LIBERTAD A OTROS



En el tiempo del gobierno de los jueces sobre el pueblo hebreo, había dos denominadores comunes, “cada uno hacía lo que bien le parecía” y “los hijos de Israel volvieron a hacer lo malo ante los ojos de Dios”, y dada a la repetición cíclica de estas situaciones, Dios le levantaba un libertador.

Aod fue uno de esos libertadores, la Biblia nos cuenta (Jueces 3: 12 al 30) que este hombre tenía una característica especial, era zurdo. Dice la Palabra de Dios que Aod decide presentarse ante el rey moabita Eglón quien llevaba 18 años de subyugación del pueblo de Israel, por este motivo Aod prepara una espada de doble filo 45 cm. de largo, que la reservaría escondida debajo de su vestido, para su encuentro con el rey moabita.

Dice el relato bíblico que Aod fue al palacio real y llegado el momento oportuno, cuando estaba solo con Eglón, se le acerco y le metió la espada en el vientre del tirano moabita, de tal manera que hasta el estiércol de sus entrañas salió hacia fuera, y Aod lo dejo tirado en piso cerró las puertas de la sala y fue directo al monte Efraín a tocar el cuerno para llamar al pueblo a tomar el territorio perdido.

Este hecho tan violento y fuerte emocionalmente no debe de impresionarnos, porque tiene un gran paralelismo con nuestras batallas personales.

A igual manera que los hijos de Israel en algunas oportunidades en nuestras vidas nos encontramos subyugados y oprimidos por determinadas situaciones, tales como: problemas espirituales, emocionales o económicos, y de la misma manera que Dios utilizo una característica especial en la vida de Aod, como era ser zurdo, de igual manera el Señor utilizara tus características especiales para alcanzar tu victoria.

Nos cuenta la Biblia que Aod tomo una espada de doble filo, símbolo de la palabra de Dios y justamente eso fue lo que utilizo Jesús para vencer al maligno en la tentación diciendo: “…porque escrito está”. Dice el relato que al él introducir la espada, salió toda la inmundicia del opresor.

De la misma manera debe actuar la “espada de la Palabra” en nosotros, debe sacar afuera de nuestras vidas todo malo que nos contamina, pero también relatan las escrituras que una vez que hizo eso, Aod no se quedo ahí sino que cerró las puertas de la sala, así también debemos de hacer nosotros, debemos cerrar toda etapa de dolor y dejarla atrás y nunca más volver a ella.

El Señor te ha llamado a ser un libertador, en primer lugar de las opresiones de tu vida pero en segundo lugar como hizo Aod, una vez que mató al opresor corrió al monte y llamo a otros a retomar el territorio perdido, Dios te quiere libre para que puedas libertar a otros.

BENDICIONES